CONTRARRELOJ

Por la noche, después de volver de la facultad, tenía en mente coger sus apuntes e hincar los codos.
Durante varias jornadas devoró incontables libros para preparar el examen de recuperación.
Sin descanso se dedicó a tomar apuntes de la forma más detallada, rellenó varios folios con los datos que se indicaban en el sílabo.
A causa de diversas situaciones se lo había tomado como algo personal. Al aprobar la materia demostraría que aquella mala nota había sido un desliz y no porque fuera un negado para los estudios.
La materia resultaba densa debido a la forma en la que se dictaban las clases, el encargado se dedicaba a cualquier cosa menos a lo esencial: hacer que sus alumnos aprendieran.
Dentro de las diversas teorías que intentaban explicar esa actitud la más factible explicaba que su motivación era hacer desertar a los alumnos, para mantener la fama de ser el curso más difícil con el que se toparía cualquier entusiasta en aquel lugar. Quizás por eso hacía que los temas resultaran inteligibles, pesados de abordar.
Desde el comienzo muchos le advirtieron de los dolores de cabeza que ocasionaba esa materia, le dijeron claramente que si quería amargarse la existencia ese era el camino.
Esto no era una excusa, tenía claro que estaba en esa situación por su holgazanería, por pensar que con calentar el asiento bastaba y por no esforzarse lo suficiente cuando debía hacerlo.
Así pues, mientras estaba tomando los apuntes, pensaba que, si se hubiera aplicado de ese modo desde un principio, ahora mismo estaría en otro escenario, uno en el cual podría descansar, pero pronto se dijo que eso era debido a no saber moverse por esos lares, estaba pagando por su inexperiencia.
Buscó los apuntes en la mochila, no los encontró, estaba convencido de que los había metido allí en la biblioteca, ¿se le habrían quedado?, tras buscar por todas partes, comenzó a dudar si realmente los había llevado a casa, ahora mismo no estaba seguro en dónde estarían.
Le molestaba no saber su paradero, debido a que en sus apuntes había sintetizado volúmenes amplios, de solo pensar en volver a hacerlo le entraba pereza, por eso, para no hallarse en esa tesitura, haría hasta lo imposible por encontrarlos. Lamentablemente, después de ver la hora, comprendió que debería esperar a que amaneciera.
Durante varios minutos siguió emperrado en desentrañar la localización de sus anotaciones, sin ellos tendría que hacer malabares para estudiar, además de complicarse sus planes a corto plazo, dado que le tocaría dar explicaciones por esa nota baja.
Tras deliberar consigo mismo, recobró la calma, respiró profundamente, no ganaba nada poniéndose nervioso, se tranquilizaría, por lo menos, hasta pasarse por la escuela a primera hora de la mañana. Una vez que los tuviera, le tocaría estudiar con la soga al cuello porque el tiempo sería exiguo para rendir el examen. No obstante, no tenía la seguridad de encontrarlos, en tal contexto, se hallaría en una situación en la que no quería ni imaginarse.