ROSTRO DE JÚBILO

La celebración del gol hizo retumbar las paredes, fue agónico, aunque pudo haber llegado antes, pero se tuvo mala suerte de cara a la portería, con él se consiguió el título de campeones del mundo y la segunda estrella para el escudo de la camiseta.
Al inicio pocos esperaban que se llegara a esa fase, el seleccionado no iba con demasiadas expectativas, como otros combinados, tal vez ahí residió el secreto de su logro, es más, su juego fue evolucionando conforme se desarrolló el torneo, llegando a las últimas instancias en un nivel destacable.
En el bloque todos apoyamos al equipo, desde nuestro piso pudimos enterarnos de las diferentes reacciones de los vecinos, algunos denotaban nerviosismo, otros, por el contrario, daban muestras de aplomo, ya que se mantuvieron en silencio en todo momento. Asimismo, el ruido que provenía de la calle nos dio pistas de por dónde iban los tiros, por eso, una vez que terminamos de seguir la entrega de premios y las celebraciones en el campo, salimos a la calle.
El panorama con el que nos encontramos era colorido. A pesar de la hora, sería más de la medianoche (casi la una de la mañana), había mucha gente celebrando, a esto se sumaban los coches y sus bocinas.
Durante el recorrido se nos dio por pillar unas bebidas, a causa de que la sed no conoce de festejos; al entrar en una de las tantas tiendas con las que nos topamos, observamos a un tipo con la camiseta de la selección, sin conocernos de nada, nos dimos la mano y rememoramos el triunfo, estuvimos de acuerdo que pudo haber sido por más goles, pero las circunstancias no lo permitieron, por eso mismo el logro era más destacable, ese momento fue agradable.
Al llegar a la plaza central había una marabunta dando gritos, así fue como descubrimos un rostro de la ciudad usualmente oculto, daban igual nuestras circunstancias, todos alentábamos en la misma dirección. Esta sensación no decayó, pues durante el trayecto de vuelta daba igual si te conocían o no, todos compartíamos un mismo sentimiento.
Más tarde, nos dirigimos al agasajo organizado por el ayuntamiento, sobre la marcha habían decidido armar un estrado y desplegar un dispositivo para que todos pudiéramos admirar a los jugadores. Pensamos que, por la hora, más o menos las tres de la tarde, seriamos de los primeros en estar ahí, cogeríamos un sitio cercano a donde se realizaría el espectáculo, pero grande fue nuestra sorpresa al ver que había miles de personas delante de nosotros, pensamos, en ese instante, que seríamos los últimos, pero pasados unos minutos, y al no dejar de llegar gente, notamos que solo había sido una ilusión.
A nosotros nos daba igual el lugar en el que estuviéramos, no teníamos ningún problema en ver al equipo a varios metros de distancia, pues el saber que compartiríamos el mismo espacio y estaríamos relativamente próximos de aquellos que nos alegraron la jornada, nos reconfortaba, daba igual la espera, la atmósfera era especial, sentir lo que sentíamos, más.