Lentamente, casi reptando, comenzó a incorporarse; al no percibirse en evidencia, continuó su recorrido, no sin efectuar antes un análisis detallado. Efectivamente, se dio cuenta de que nada estorbaba su ruta, por eso decidió seguir así, en silencio, sin llamar la atención. Su temor era meterse en un lio muy gordo, en un problema que pusiera en peligro su integridad física.
Se pasaron varios días planificándolo. Aún sin tener claro el destino estaban seguros de que no repetirían el norte. El año anterior no les había dejado un grato recuerdo, a pesar de la ilusión, la experiencia no fue la esperada.
En esta ocasión viajarían a… un lugar diferente con la previsión de visitar sus monumentos, por algo era La Ciudad Museo.
Antes de partir se elaboraron una pequeña guía, no querían perderse nada, por eso se informaron sobre su historia y la forma más pertinente para llegar. Viajaron en tren, en el servicio de alta velocidad, el trayecto duraría un par de horas aproximadamente, al llegar cogerían un taxi para dirigirse a su hospedaje.
A pesar de lo que muchos pensaran no era un buscavidas, se preocupaba por estar siempre en una sola pieza, por eso debía andar con cuidado, no quería estar en una situación de ese estilo, ya se había puesto a prueba en otras circunstancias.
Alguna vez por ceder a sus ímpetus se lanzó a la aventura sin sopesar los peligros, sus escasas vivencias eran las culpables,
se adentraba en escenarios peliagudos, pero, para su suerte, salió siempre airoso.
En esta oportunidad se alojarían en un lugar céntrico con vistas a su edificación más representativa, resaltaba por su antigüedad y la confluencia de hasta tres culturas en su arquitectura, algo que deslumbraba al visitante, ya fuese local o foráneo, su imponencia dejaba sin palabras al observador eventual.
Al llegar al hotel se registraron, tenían dudas sobre si estaría disponible la habitación, debido a la hora, ya que solo dejaban entrar en ellas a partir de las tres de la tarde, si este era el caso tendrían que esperar o dejar sus maletas en consigna, sin embargo, esto no fue necesario, pudieron instalarse, dejaron sus cosas y salieron a dar una vuelta.
A estas alturas era consciente de que tentar a la suerte era un arma de doble filo, una moneda al aire que no le daba la seguridad de continuar por un buen sendero.
De repente se sintió observado, la sensación era clara, no le gustaba ser el centro de atención, miró en todas direcciones, tendría que agazaparse hasta sentirse seguro, hasta que pudiera seguir tranquilo su marcha.
Sin demora se decantó por ocultarse en un tiesto, aunque dudó por un momento se convenció de que ese sería un buen lugar. Más adelante cuando se sintiera más tranquilo encontraría el modo de seguir con su camino.
Durante el paseo se adentraron en calles estrechas, todas con denominaciones peculiares, hasta que notaron una taberna con una fachada llamativa, como no habían probado bocado, se dijeron que sería un buen lugar para picar algo. Sin darle más vueltas se detuvieron en la puerta y esperaron a que los atendieran.
Delante de ellos había una pareja, hicieron un comentario y salieron sin más, no pudieron entender lo que se dijeron, quizás fue en croata, aunque sonó más a serbio, en ese momento se acercó el camarero, mientras uno preguntaba si tenían una mesa libre, el otro miraba al suelo y notó que había un bicho, le resultaba asqueroso.
Hasta ahora todo iba bien, se acercaba al escondite elegido, pero no las tenía todas consigo, mientras no estuviera a buen recaudo estaba en peligro.
Al llegar, comprobó que el sitio resultaba excelente, no había ninguna mirada curiosa, además podía descansar, algo necesario para su travesía, recuperaría energías y se sentiría más fresco, despejado.
El bicho estaba junto a una mesa vacía, ¿cómo era posible en un sitio así?, esto le daba mala espina, no le gustaría que los invitaran a sentarse ahí. En ese momento el encargado indicó que vería si tenía una mesa.
Sin dejar de observar la escena, vio a uno de los camareros, venía raudo en dirección a ellos. Él no dejó de centrarse en lo que acababa de ver, cuando lo tuvieron cerca escucharon que les dijo que sí, tenía una mesa para dos, al oír aquellas palabras, de soslayo, esperaba que la mesa estuviera lo más distanciada de aquel insecto que se encontraba aguardando detrás de la maceta.

