DE SOBREMESA

Al concluir la cena, y no teniendo nada mejor que hacer, se decantaron por solicitar unas bebidas. Mientras las consumían, surgió una charla sobre la pobreza mundial.
Hubo quien comenzó una perorata sobre el tercer mundo, sin tener claro a lo que se refería, pues para él, como para todos los presentes, era una entelequia, una abstracción que se les quedó grabada a fuerza de escucharla constantemente. Al hablar lo hacía manteniendo las distancias, ya que le resultaba ajeno.
Otro habló de que lo peor en esos casos era la indiferencia, esa realidad era diametralmente opuesta a la nuestra, no es justo que, en la actualidad, algo así suceda, las condiciones deberían estar más equilibradas.
Dentro del grupo uno se sorprendió por el planteamiento e inmediatamente intervino ¿Hablas de una redistribución equitativa de la riqueza?
Rápidamente tuvo una réplica, claro, a eso me refiero.
La intervención del que preguntó no se hizo esperar, ¿no te das cuenta de que esas son ideas socialistas?
Antes de dar su repuesta el que profirió aquella expresión se pensó lo que iba a decir, pues comprendió, analizando sus palabras, que había metido la pata, no, tampoco quiero ser extremista, solo fue una simple elucubración, tampoco hay que tomarla al pie de la letra.
Lo suponía, ya que en donde se ha aplicado ese modelo la gente es muy pobre, lo digo debido a que hace poco viajé a un país de esos, no dejaban de pedir dinero a todos los que reconocían como foráneos, yo es que con eso no puedo, me resultó patético, la próxima vez elegiré otro destino. Es un incordio que un día sí y otro también estén con la misma matraca, puedo ayudar, es más, hubo alguno al que le dejé unas monedas, pero no podía echarle una mano a todo el mundo, si se me diera por ir por ese camino sería imposible, terminaría como ellos.
Ahora le tocó el turno al que más callado estaba, eso es cierto, es un incordio, no sé como pueden creer que su situación va a mejorar pidiendo dinero a los visitantes, eso genera mala imagen, además, darles unas monedas sería fomentar esa mala costumbre.
Todos coincidían en que, como ciudadanos de a pie, les resultaba difícil cambiar el panorama, asimismo apuntaban a no saber elegir en las elecciones, votaban sin pensar en sus necesidades, por eso estaban de acuerdo en que deberían darles una formación correcta en asuntos democráticos, enseñarles el camino, pero como decían, eso les resultaba utópico, no estaban dispuestos a aprender, preferían el camino fácil, eso quedaba demostrado.
Tras abordar estas cuestiones, notaron que las bebidas estaban terminándose, al final no llegaron a ninguna conclusión satisfactoria sobre esas gentes particulares, habitantes de lugares exóticos que tenían una mentalidad original.
Como la reunión no daba para más y, viendo que la hora de retirarse se acercaba, se dijeron que deberían repetir la reunión para seguir compartiendo palabras interesantes, continuar el debate y, como no, con una copa de por medio.