SIMPLES CONSEJOS

Caminar por ciertos lugares de la ciudad significaba ver a gente durmiendo en las calles, una imagen sombría que mostraba las carencias de la vida urbanita.
Al ver este panorama le quedaba claro que la única diferencia con ellos era el tener trabajo, un tesoro invaluable en estos tiempos aciagos, al cual debía agarrarse, a pesar de las discrepancias que tenía con los tejemanejes de la empresa.
Al asumir sus funciones, tres lustros atrás, si bien debía ceñirse a ciertos parámetros, no sufría imposiciones, los mandamases solo exigían seriedad a la hora de elaborar las distintas notas.
Pese a ello con el paso de los años se implementaron modificaciones. Los cambios fueron graduales, quita un párrafo por aquí, altera un titular por allá, de tal forma que muchos demoraron en reaccionar, sin embargo, a sus jefes les gustó su actitud, no se indignó por nada, siguió laborando como siempre, incluso siguió las recomendaciones para no ser tan duros con los que financiaban sus actividades, sí por algún motivo hacen un desmadre es su deber matizarlo —expresaron—, de tal forma que el lector, al leer el artículo, crea que fue una pequeñez, un error que cualquiera podría cometer. Somos humanos, ¿no?, pues eso, nuestra labor es evitar que se convierta en la comidilla de la opinión pública, esto no significa que sea su obligación, aquí solo damos consejos, que os quede claro, en vosotros queda seguirlos o no.
Desde que tomó la decisión de alinearse, dejar de lado sus principios, y no expresar su disconformidad con la restructuración en la empresa, supo que había vendido su alma al diablo.
Por un tiempo reflexionó sobre la validez de su resolución, pero viendo como estaba la situación, se respondía que ir de digno no solucionaba nada, ¿cuántos que anteponían sus principios lo estarían pasando mal? —se preguntaba—. No quería ser ejemplo de nada, tampoco ser el adalid de ningún movimiento, solo velaba por su bienestar, que era lo importante, aunque muchos no lo entendieran.
No obstante, en sus artículos, solía dejar pistas de lo que realmente pensaba con respecto al tema que abordaba, lo hacía de tal modo que pasaba desapercibido, solo él sabía en donde lo colocaba, puesto así, exprofeso, para ser obviado porque se leía como una parte más del escrito que no hacía alarde de grandilocuencia, solo era una línea, sin más. De esta forma se la colaba a los más mordaces críticos.
Cuando salía de copas, sus colegas hacían hincapié en el aguante que tenía, otro en tu lugar se habría ido, ¿no crees que te desacreditas?
Ante estas afirmaciones callaba, no quería pasar una mala noche, era suficiente ganarse la vida haciendo algo que iba en contra de su ideología.
Durante el resto de la charla le soltaban la retahíla de lo conformista que resultaba, sal de ahí, busca nuevos horizontes, ¿no te sientes capaz?, en tal escenario trataba de abstraerse, pero era consciente de que esa era la consecuencia de su decisión de seguir en su puesto, trabajando en un medio cuya línea editorial distaba de ser rigurosa.
A veces, cuando se ponían muy pesados, pensaba en que lo mejor habría sido no salir, quedarse en casa, pero pronto comprendía que estar con ellos le permitía pensar en otras cuestiones y no en lo de todos los días, por eso sonreía, asentía, les seguía el juego, ya que, nadie más, solo él sabía las razones por las que seguía ahí.