UNA VOZ

Inicialmente los encargados previeron que la protesta duraría, como mucho, una semana, pero estaba prolongándose más de lo pensado.
A pesar del ruido mediático, la empresa se mantuvo en silencio, a la espera de que el movimiento se desgastara o a que surgieran voces discrepantes en su interior, confiaban en que esto ocurriría conforme se fuera dilatando, la unidad, en estos casos, no duraría para siempre, en algún momento sus diferencias los harían distanciarse.
Ante esto, no se hicieron esperar las voces especializadas que, haciendo un análisis detallado, indicaban lo insulso de mantener la huelga. En consecuencia, festejaban que no todos los obreros se plegaran a este sinsentido de colocar piedras al progreso, anteponían su lealtad a la compañía y eso era de alabar. Su forma de reclamar era poniendo el hombro en aras del bien común, ya que con su esfuerzo mantenían en pie la producción, su altruismo era de recalcar.
Además, la junta, antes de dar luz verde al cierre de las diferentes sucursales, razón del disgusto de los trabajadores, encargó la realización de un estudio pormenorizado, en donde se detallaba la viabilidad de esta decisión, por eso mismo, el enfoque de mejorar la productividad no era un tema discutible, dar marcha atrás no estaba contemplado.
Incluso añadían que los responsables del alzamiento podían verse en una situación peliaguda, pues estaban entorpeciendo el correcto funcionamiento de sus áreas, este hecho marcaría un antecedente peligroso para sus carreras, debido a que podían ser despedidos de manera fulminante, unilateral.
Para concluir, detallaban que lo mejor, para ambas partes, sería el cese de los plantones que, en definitiva, los perjudicaba más que a los empresarios, quienes, en cualquier momento, si se desencantaban, podían alejarse de ese entorno, al considerarlo problemático e improductivo.
Este escenario, para quienes no querían verse vinculados con el movimiento, les resultaba catastrófico, debido a que la ciudad perdería uno de los puntales de su industria, dejando en mal lugar su atractivo para nuevos inversores y deviniendo en una caída de su mercado de valores.
No obstante, algo que obviaban los expertos y los esquiroles, solo ellos sabían la razón, era que la reacción de los trabajadores no sería la causante de que dejara de ser atractivo el mercado local, este argumento simplemente era una excusa para que los empresarios justificaran su comportamiento.
El grupo de manifestantes confiaba en que la ciudadanía estuviera de su parte, era cierto que el escenario podía ser cambiante, nada les aseguraba que su unidad no se resquebrajaría, pero mientras tanto seguirían en pie de lucha, empujando en una sola dirección, tendrían que ser escuchados sí o sí, aunque eso implicara seguir sufriendo sinsabores, por los reproches constantes, no solo de los medios de comunicación, sino también por parte de los suyos.
Estaban convencidos de que sus reclamos eran justos, no estaban solicitando nada que no fuera el fruto de su trabajo, las leyes los amparaban, por eso no podían permitir que sus derechos fueran pisoteados sin más, debían dejar patente su disconformidad ante las directrices de un ente que los miraba como meros números y no como personas.