SUMIDO EN FANTASÍAS

Su curiosidad lo había puesto en esa situación, leyó y releyó el mensaje, por no detenerse cuando debía, obtuvo más información de la que deseaba.
Respiró profundamente, sopesó la situación, sin embargo, antes de inclinarse por un rumbo, tendría que calmarse y no dejarse llevar por su estado de ánimo.
Para encontrar indicios que lo llevaron a ese estado, auscultó sus recuerdos, era cierto que, desde hacía algún tiempo, notó algunos cambios en aquella persona, pero no les dio importancia, se los achacó a la estación en ciernes o a cualquier otra tontería del día a día.
Volvió sobre la torpeza de no detenerse cuando debía, aunque existía la leve posibilidad de que fuera una prueba para saber si respetaba la parcela de privacidad del otro. Sí esto era así, tendría que callar y no sacar a relucir el tema, ni siquiera nombrarlo, porque eso daría pistas de que había estado hurgando en donde no debía. No obstante, si se daba el caso de que lo descubrieran (por irse de la lengua), no le quedaría más que reconocer su error, pediría disculpas, había sido un desliz e indicaría que no volvería a suceder.
Pero si era lo contrario y todo lo leído era verdad, le jodería la falta de confianza.
Inmediatamente le surgirían varias interrogantes, en dónde habían quedado esas formulaciones: puedes ser abierto conmigo, puedes contarme lo que quieras, nada de lo que me digas me molestará, todo se arregla hablando y alguna más que se suele decir en petit comité.
Si a él le hubiese ocurrido algo semejante, lo habría comentado; le habría dicho lo que le molestaba, en vez de buscar soluciones por su cuenta.
En ese escenario tenía dos caminos y no sabía por cual decidirse, uno era romper todo, encarando con preguntas incómodas a quien recibió el mensaje y el otro, fingir que no sabía nada, que era un ingenuo para que todo siguiera igual. No sabía qué hacer, estaba en una situación intrincada, sin tener claro por cuál opción decantarse.
En frío, cualquiera en su lugar, diría, no vale la pena continuar, si te oculta esas tonterías qué más no hará, pero en caliente, cuando te sucede a ti, no es tan fácil, te pilla con las defensas bajas.
Calculando bien, lo fácil sería voltear página, empezar de cero, pero la cuestión era difícil, cuando quien te ponía en esa situación era alguien que te hacía sentir como nadie más en el mundo, para quien eras especial e importante.
Pensando en esto volvió a caer en que era mejor actuar con la cabeza fría, independientemente de lo que fuera a hacer, era mejor mantener la calma, no se pondría a la defensiva, no se alteraría de manera innecesaria, no se dejaría llevar por los sentimientos (solían ser malos consejeros).
Durante largo rato valoró detenidamente cual sería la mejor opción. De este modo puso todo lo bueno en una balanza y vio que le compensaba hacer como si nada hubiera pasado. Prefería ser un tonto feliz a ser un listillo desgraciado.