INOLVIDABLE

Surgió sin planificarlo, sin preverlo, solo sabían que esos aires le reconfortaban.
Conforme se fueron abriendo comenzaron a notarse más interesantes, sus modos, sus gestos, su forma de ver determinados aspectos de la vida afianzaron esa apreciación.
Sus realidades, a pesar de ser distintas, los situaron ahí, en ese mismo escenario, esas vertientes de deseo confluyeron en el mismo cauce como si hubieran sido uno desde antes de conocerse.
Era consciente que le daba igual saber todo o nada sobre quien tenía delante, solo le bastaba con percibir que era buena persona, a partir de ahí lo demás sobraba.
Les resultaba simpático verse en una situación de ese estilo, hasta antes sus dudas les empujaban a pensar que una experiencia como la que estaban transitando era difícil de plasmarse.
En esa coincidencia, estuvieron predispuestos, abiertos a lo que surgiera, con esa actitud tenían ganado un pedacito de la felicidad que estaban disfrutando.
De esa forma lo recordaba, como si aquel hecho le hubiera dejado una reguera que saltaba a la vista y lucía sin complejos.
¿Cómo es posible que, sin buscar nada, se encuentre todo?, ¿cómo es posible que, sin tener un sentido, se halle el significado de lo utópico?
Con el paso de los años había cubierto ese hecho, de tanto pensarlo, con un velo mágico, como si aquello no hubiera sido solo una casualidad, como si el determinismo se hubiera manifestado en aquel instante, en su encuentro.
Vivían su para siempre, como si fuera una formulación que daba por sentado que determinadas formas de sentir son infinitas, porque el «siempre», para ellos, era un conjunto de letras que daba sustento a cualquier expresión que se repetían con denuedo.
Si era un sueño, no querían despertar, si era una quimera, preferían vivir engañados, era mejor transitar una vivencia así, particular, que vivir centrados en lo fáctico que les causaba sinsabores.
Estar juntos era un destello de novedades, era sentirse importante, era el génesis de su visión renovada. De sus extrañezas se asieron al puente invisible que los unía, notándose idénticos dentro de sus naufragios ontológicos.
Ahora resultaba lejano aquel punto de inicio, uno al que volvía para reformular lo que sentía y así aparcar sus dudas, los silencios, las pausas superfluas, esos renglones que debía obviar para seguir adelante.
Con el tiempo rasgaron sus superficies, pasaron sus días, sus horas, sus minutos, sus segundos, disfrutando de lo que se brindaban, aprovechando esa pequeñez en dejar su impronta, trocando sus efimeridades, en acciones trascendentales. Juntos conseguían que la naturaleza se alterara, en sus azares todo seguía su curso, en sus haces la penumbra no tenía cabida.
Volvió a detenerse, sus recuerdos estaban ahí, latentes, a la espera de que volviera a ellos las veces que fueran necesarias, para recuperar energía, para renovarse, para ser diferente o simplemente para encontrarse con su otredad.