DESVELADO

La alarma sonó puntual, ni un minuto antes, ni uno después; le costó despertarse, había caído en un sueño profundo y al inicio ni se percató, pero, conforme se fue repitiendo el sonidito, tuvo que reaccionar para silenciarlo, si no, seguiría así hasta que finalizara los tramos de repetición según lo programado, era consciente de que si solo sonaba una vez no se levantaría.
Desde hacía unos días se venía anunciando, en distintos medios, un encuentro de preparación de la selección nacional de fútbol, como era un fan acérrimo de este deporte, lo vería sí o sí, sin embargo, no contaba con que tendría lugar en un país con el cual había una diferencia horaria de menos seis horas.
Cuando estuvo en pie cogió el mando de la televisión, la encendió y se apuró en sintonizar el canal en dónde tendría lugar el encuentro.
Como era de esperarse esa diferencia horaria implicaba que el encuentro tuviera lugar a altas horas de la madrugada.
Aun medio dormido, notó que no del todo se le había aclarado la vista, veía borroso, pero a pesar de ello sabía que estaba en la cadena correcta, por la voz de los comentaristas a quienes seguía por sus apreciaciones acertadas.
No era alguien que se pudiera definir como patriota, ya que estaba convencido de que el término patria, como tal, había sido inventado por las élites, para que la gente defendiera un territorio independientemente de su condición, aunque muchas veces los conflictos no les supusieran problema alguno.
Para aclararse la vista fue al baño. En el lavabo se echó agua a los ojos, pudo ver mejor y de paso aprovechó para ver su reflejo, no tenía buena cara, daba la impresión de que no hubiera dormido. Esto le pasaba desde hacía algún tiempo, por eso le habían recomendado ser más ordenado a la hora de ir a la cama, así como mejorar en su alimentación, cosas que estaba poniendo en práctica, hasta ahora.
A pesar de su reticencia con lo de la patria, cuando jugaba la selección, la cosa cambiaba, se ponía la camiseta, con los colores patrios, y alentaba como el que más, enfadándose cuando jugaban mal y emocionándose cuando ganaban.
Confiaba en que la interrupción del descanso no implicaría ningún problema.
En esta ocasión sus expectativas por ver a la selección eran grandes, sobre todo por las nuevas incorporaciones, estaba integrada por jugadores que destacaban en sus distintos equipos.
Antes de volver al sofá se detuvo en la cocina, encendió la cafetera y se preparó una bebida caliente para que, a parte de que le ayudara a entrar en calor, le permitiera mantenerse despierto.
Asimismo, el nuevo entrenador había prometido que haría una reestructuración profunda del equipo, que en sus últimas presentaciones no obtuvo buenos resultados.
De este modo, ya preparado, siguió atentamente la previa del encuentro.
Parecían once desconocidos en un campo, lo que, como era obvio, no servía para enfrentarse a equipos más consolidados.
Comenzaron a hablar de los puntos fuertes del rival, su estilo de juego y de su estadio, inaugurado oficialmente con este encuentro.
Cuando concluyeron los prolegómenos, comenzó el partido. Ahora, ya no tenía sueño, su estrategia había funcionado, esperaba presenciar un gran encuentro y que se llevara el triunfo su equipo, si esto ocurría el desvelo no mellaría su emoción.
Tras la euforia se centraría en el inicio de semana, trataría de no ir con mala cara al trabajo e intentaría que no se notara, algo difícil, pues saltaba a la vista.