Tenía sus notas sueltas, desordenadas, repartidas por todas partes, sin desarrollar, sin un sentido, a las que tenía abandonadas por causa de sus limitaciones, debido a que sus expectativas no iban de la mano con lo que podía elaborar.
CNo tener una técnica depurada lo castraba ante los folios de su escritorio, por eso se escondía en sus taras, a quienes achacaba sus exiguas invenciones.
Cogerlos y no saber que hacer, era un escenario repetido, daba muchas vueltas a un tema que debería ser menos peliagudo, sin vías que se dividan, ni rastros serpenteantes, en dónde se diluían sus ansias de alcanzar la proeza de quedar satisfecho, de quedar en paz con el resultado.
Por momentos pensaba en aquellos que demostraban genialidad en sus producciones, pues a él le costaba lo impensado hacerlo, se sentía inseguro e incapaz de no perderse en los senderos imaginativos.
Sería bueno subirse a sus hombros para tener una perspectiva diferente, pero hallaba el escollo de no poder subir, ni asirse a alguna opinión que le beneficiara. Por eso tenía por turbio su panorama, sin un haz de esperanza que cupiera en los anhelos de una existencia.
Si por lo menos pudiera formular una frase destacable se daría por satisfecho, en donde demostrara tener calidad, al igual que los grandes, esos que leía y siempre conseguían trasmitirle sensaciones depuradas.
Quería dejar de lado la mediocridad de sus deambulaciones, con inclinaciones discrepantes en cuestiones intelectuales, ya que, dónde otros tenían ideas trascendentes, él ofrecía significaciones descafeinadas, vacuas, ora insulsas, ora anodinas, huelga decir que se relamía las heridas esperando compasión, para así escudarse en sus fronteras y no sacar a relucir lo insensato de su posicionamiento.
En tal elucubración se iba por la tangente, evitaba mirarle los ojos a la realidad, porque confiaba que con ello podría salir indemne del juicio de sus ilusiones, desnudando ante ellas su insensatez, los pogromos acostumbrados de sus vicios que se alzaban para sacar a relucir sus miedos.
Entrampado no lograba hilvanar más de dos vocablos que fueran medianamente suyos, con una voz propia, con personalidad y no como hasta ahora, con esos estúpidos remedos de oraciones brillantes que se escondían tras sus garabatos, simple desfiguración de su entorno, para excusar su nivel escaso de saber.
Al final debía de reconocer que sus circunstancias eran más fuertes que el deseo de no procrastinar, siendo apartado de aquello a lo que no era digno.
Sin dejar de cavilar, comenzaba a sentir el cansancio, el fastidio de seguir en lo mismo y de no percibir el cambio que necesitaba.
Si pudiera desentrañar la ruta de la inventiva, hasta ahora esquiva, y engendrar un medio arquetípico, único, al nivel de todo lo que leía, quedaría patente su crecimiento, mas esa grandeza le fue negada, no se la concedieron, pero, aun así, no se sentía del todo desprovisto, pues si pudiera dar el salto, enmendaría sus carencias y cubriría las hojas con sus pensamientos, demostrando algo de genialidad y dejando una estela que forjaría un legado.
CNo tener una técnica depurada lo castraba ante los folios de su escritorio, por eso se escondía en sus taras, a quienes achacaba sus exiguas invenciones.
Cogerlos y no saber que hacer, era un escenario repetido, daba muchas vueltas a un tema que debería ser menos peliagudo, sin vías que se dividan, ni rastros serpenteantes, en dónde se diluían sus ansias de alcanzar la proeza de quedar satisfecho, de quedar en paz con el resultado.
Por momentos pensaba en aquellos que demostraban genialidad en sus producciones, pues a él le costaba lo impensado hacerlo, se sentía inseguro e incapaz de no perderse en los senderos imaginativos.
Sería bueno subirse a sus hombros para tener una perspectiva diferente, pero hallaba el escollo de no poder subir, ni asirse a alguna opinión que le beneficiara. Por eso tenía por turbio su panorama, sin un haz de esperanza que cupiera en los anhelos de una existencia.
Si por lo menos pudiera formular una frase destacable se daría por satisfecho, en donde demostrara tener calidad, al igual que los grandes, esos que leía y siempre conseguían trasmitirle sensaciones depuradas.
Quería dejar de lado la mediocridad de sus deambulaciones, con inclinaciones discrepantes en cuestiones intelectuales, ya que, dónde otros tenían ideas trascendentes, él ofrecía significaciones descafeinadas, vacuas, ora insulsas, ora anodinas, huelga decir que se relamía las heridas esperando compasión, para así escudarse en sus fronteras y no sacar a relucir lo insensato de su posicionamiento.
En tal elucubración se iba por la tangente, evitaba mirarle los ojos a la realidad, porque confiaba que con ello podría salir indemne del juicio de sus ilusiones, desnudando ante ellas su insensatez, los pogromos acostumbrados de sus vicios que se alzaban para sacar a relucir sus miedos.
Entrampado no lograba hilvanar más de dos vocablos que fueran medianamente suyos, con una voz propia, con personalidad y no como hasta ahora, con esos estúpidos remedos de oraciones brillantes que se escondían tras sus garabatos, simple desfiguración de su entorno, para excusar su nivel escaso de saber.
Al final debía de reconocer que sus circunstancias eran más fuertes que el deseo de no procrastinar, siendo apartado de aquello a lo que no era digno.
Sin dejar de cavilar, comenzaba a sentir el cansancio, el fastidio de seguir en lo mismo y de no percibir el cambio que necesitaba.
Si pudiera desentrañar la ruta de la inventiva, hasta ahora esquiva, y engendrar un medio arquetípico, único, al nivel de todo lo que leía, quedaría patente su crecimiento, mas esa grandeza le fue negada, no se la concedieron, pero, aun así, no se sentía del todo desprovisto, pues si pudiera dar el salto, enmendaría sus carencias y cubriría las hojas con sus pensamientos, demostrando algo de genialidad y dejando una estela que forjaría un legado.

