Cuando vio el anuncio de unidades limitadas pensó que era una estratagema para vender más, por eso ni se inmutó cuando abrieron las ventas, no quería ser un consumista más y caer en las estratagemas, mañosas, del mercado.
Por eso no sería extraño que muchos se entusiasmaran al inicio, pero, como en todo, tras esa efusividad, se calmarían las aguas y habría la posibilidad de hacerse con una consola sin la necesidad de estar compitiendo con nadie; así cómo estaba el panorama, no había necesidad de apresurarse.
No valía la pena desesperarse o salir corriendo en dirección a la tienda, eso solo generaba caos y, en muchos casos, estrés innecesario. De esta forma, a pesar de ver a muchos asegurándose la suya, dejó pasar la primera oportunidad de hacer la reserva. Nadie conseguía sacarle de la cabeza que todo ello era parte de un ardid para atraer y manipular a las masas.
Sin prestarle más atención de la debida, siguió con su rutina acostumbrada, al cabo de un tiempo prudente, creyó que era hora de reservar la suya, no sin antes averiguar el día en el que sería la nueva apertura. El día en cuestión, estuvo, desde temprano, pendiente del móvil, accedió a la web e hizo la reserva.
Todo estaba saliendo según lo planificado, ya estaba hecho, pensó, ahora solo quedaba pagar, pero lo efectuaría en cuanto estuviera en casa, debido a que su tiempo de descanso había concluido.
Cuando pudo retomar la compra descubrió que su cesta estaba vacía. En esa situación, se quedó observando la pantalla durante unos segundos, convencido de que debía tratarse de un falló, actualizó la página web una y otra vez, pero no cambió nada.
Al no saber qué había pasado, su frustración lo llevó a contactar con atención al cliente. Tras esperar varios minutos lo atendió un tipo que denotaba, por su tono de voz, que no era la primera llamada que atendía. Evitó explayarse y fue directamente al punto, no obstante, la respuesta no fue la esperada, fue decepcionante, pues le dijo que tener un artículo en la cesta no implicaba haberlo comprado.
Decepcionado, al colgar, se dijo que lo ideal hubiera sido formalizar la compra cuando reservó el producto, lamentó que sus obligaciones no se lo hubieran permitido, ya que durante ese tiempo otros usuarios se le adelantaron y completaron el proceso.
Conforme pasaban las semanas, en las noticias hablaban de retrasos a causa de la falta de componentes y problemas de distribución. En ese contexto se hacía más difícil conseguir la consola, las unidades desaparecían en cuestión de minutos, era un visto y no visto.
Con el paso de los días ese artículo se convirtió en el objeto de su deseo, lamentó no haberlo reservado cuando tuvo la oportunidad, lamentó su mala suerte. Así pues, comenzó a considerar que sus previsiones, con respecto al mercado y su reticencia a pasar por el aro, tal vez, habían sido erróneas. La próxima vez no se dejaría llevar por su desconfianza —sentenció.

