PROGRAMANDO

Haciendo alarde de su ignorancia, una tara insalvable, se embarcó en una aventura que le quedó grande. Lo hizo por curiosidad y para demostrarse que era capaz de hacer cualquier cosa que se propusiera y en cualquier campo.
Se creía hábil, o mejor dicho demasiado hábil, dueño de una maestría tal que hacía a las musas postrarse a sus pies.
Así pues, con tales energías, se comprometió a elaborar un pequeño código fuente, en dónde podría hacer gala de sus facultades innatas para la informática (aprendidas después de seguir hasta el final un cursillo de treinta minutos en una plataforma multimedia), con ello tenía más que suficiente para enfrentarse a lo que le pusieran por delante.
Hasta antes no tenía idea de programación, le parecía un mundo oscuro, en donde se alardeaba de conocer fórmulas con ceros, comas, llaves, paréntesis, comillas y palabras forjadas en un idioma inventado por el demonio, en resumen, al resultarle incomprensible desdeñaba su importancia, alegando que solo aquellos con pinta de sabihondos se dedicaban a esa labor poco elevada.
Así, con su completa disposición, se puso manos a la obra, no sin antes reforzar su inventiva para hallar inspiración. Confiando en ello se dedicó a lo contemplativo, una vez que se sintió relajado y con la mente despejada se centró en la tarea.
No bien comenzó, notó que la tarea sería ardua, su intelecto ahora mismo, no le rendía frutos, se sentía frustrado, esto era un insulto para su ego, no era posible que esto se convirtiera en un escollo, se dijo, más aún después de haber estudiado, si otra hubiera sido la situación, que desconociera, por completo, el tema diría esto no lo entiendo, pero no era así, el comprendía de qué iba.
Al no querer dar su brazo a torcer y no saber que hacer, comenzó a picar código como loco algo haría, bajo presión trabajaba mejor. La hoja comenzó a llenarse de cadenas, ceros, comas, puntos, palabras al azar, aunque parecían inconexas, se convenció de que conforme siguiera rellenando, cobraría sentido, era cuestión de seguir machacando las teclas del portátil, enfatizó-
De esta forma parecía que, verdaderamente, cuando no tenía más opciones sacaba lo mejor de sí, la hoja le estaba quedando macanuda, con bonitos signos, mejor dicho, códigos, hasta que llegó a la que consideró la línea final, sin saber cómo había concluido aquello que hasta hace poco le parecía chino, ahora solo faltaba compilar, el paso final, algo relativamente simple.
Convencido de que todo estaba correcto, se sentó a esperar a que el proceso se completara, sin embargo, tras unos minutos, le saltó un error crítico, indicándole que el código no estaba correctamente escrito, lo que generaba que tuviera una mala arquitectura, en lenguaje simple, falta de claridad. No entendía el problema, aunque tampoco como lo había hecho, lo que, por consiguiente, le daba otra tarea más, detectar en dónde estaba el error.
Centrado en solucionar el problema de diseño, porque buscando en internet llegó a esa conclusión, no hallaba el modo de dar con la línea que causaba el conflicto, ahora, en tal embrollo, le resultaban inútiles todas las capacidades que poseía.