Durante su soliloquio buscó distintas formas para tranquilizarse. Aun siendo su primera incursión en esos terrenos, no quería demostrar inquietud.
Tendría que dar la impresión de estar acostumbrado, como si fuera lo más normal, aunque en realidad nunca se hubiera embarcado en una aventura de ese estilo.
No deseaba exteriorizar su falta de experiencia, dar muestras de lo agobiado que se encontraba y de la mala jornada que había pasado planificando la reunión, los nervios no lo dejaron descansar como habría querido, era consciente de que estaría condenado a tener mala cara el día entero.
No podía ser que un hecho tan simple le estuviera carcomiendo el pensamiento, pues sobre el papel organizar el encuentro no tenía misterio, bastaba con elegir un lugar en el que se sintiera a gusto, en el que pudiera ser él mismo.
En tal sentido quería dar muestras de su resiliencia, de su forma de ver la realidad, de sus inquietudes, de sus particularidades que lo hacían especial y de su desdén hacía el conformismo.
En esas circunstancias, se esforzaría para mantener el sosiego, no se alarmaría, tomaría los acontecimientos conforme se fueran dando.
No tenía razón de ser que se adelantara, el creer que nada saldría bien, era cierto que, en ocasiones, lo ideal era ponerse en el peor de los escenarios, pero este no era el caso, debía de poner de su parte.
Sería una pieza más, un engranaje silencioso para que la situación fluyera con naturalidad, en esta línea, no habría nada fuera de lugar, nada que hiciera pensar en el disparate de cruzar sus caminos, lo mejor era dejarse llevar y que todo fluyera en la dirección correcta,
Se calmaría, si al final sucedía como lo había planificado, bien, si, por el contrario, se torcía, ya vería de qué forma reaccionar, no debía adelantarse, en ese momento no era viable que se obcecara, no debía caer en el error de centrarse en una idea y detenerse solo al hallarse en un callejón sin salida.
No valía la pena colocarse en supuestos creados por su imaginación, pues lo que preveía no era más que una ficción, una construcción que se alejaba de lo que sucedería, por eso debía situarse en lo factible y no aventurarse a ir de listo, elucubrar con supuestos, con escenarios de mentira.
Al amanecer, el tiempo que tendría para poner en marcha lo pensado era mínimo, pero daba igual, sabía que de todas formas sería especial, aunque la noche previa hubiera hecho mella en su aspecto.
En esas circunstancias era lo de menos, se apañaría de algún modo, lo mejoraría, intentaría que esa minucia pasara desapercibida, no era lo esencial para lo que tenía entre las manos.
De este modo, incluso con su mala cara, se presentaría, estaría ahí, aunque no dejara de bostezar, tenía el presentimiento de que el encuentro lo marcaría, por eso no faltaría, estaría ahí el primero y esperaría lo que fuera necesario, estaba claro de que no sería el mismo el día después.
Tendría que dar la impresión de estar acostumbrado, como si fuera lo más normal, aunque en realidad nunca se hubiera embarcado en una aventura de ese estilo.
No deseaba exteriorizar su falta de experiencia, dar muestras de lo agobiado que se encontraba y de la mala jornada que había pasado planificando la reunión, los nervios no lo dejaron descansar como habría querido, era consciente de que estaría condenado a tener mala cara el día entero.
No podía ser que un hecho tan simple le estuviera carcomiendo el pensamiento, pues sobre el papel organizar el encuentro no tenía misterio, bastaba con elegir un lugar en el que se sintiera a gusto, en el que pudiera ser él mismo.
En tal sentido quería dar muestras de su resiliencia, de su forma de ver la realidad, de sus inquietudes, de sus particularidades que lo hacían especial y de su desdén hacía el conformismo.
En esas circunstancias, se esforzaría para mantener el sosiego, no se alarmaría, tomaría los acontecimientos conforme se fueran dando.
No tenía razón de ser que se adelantara, el creer que nada saldría bien, era cierto que, en ocasiones, lo ideal era ponerse en el peor de los escenarios, pero este no era el caso, debía de poner de su parte.
Sería una pieza más, un engranaje silencioso para que la situación fluyera con naturalidad, en esta línea, no habría nada fuera de lugar, nada que hiciera pensar en el disparate de cruzar sus caminos, lo mejor era dejarse llevar y que todo fluyera en la dirección correcta,
Se calmaría, si al final sucedía como lo había planificado, bien, si, por el contrario, se torcía, ya vería de qué forma reaccionar, no debía adelantarse, en ese momento no era viable que se obcecara, no debía caer en el error de centrarse en una idea y detenerse solo al hallarse en un callejón sin salida.
No valía la pena colocarse en supuestos creados por su imaginación, pues lo que preveía no era más que una ficción, una construcción que se alejaba de lo que sucedería, por eso debía situarse en lo factible y no aventurarse a ir de listo, elucubrar con supuestos, con escenarios de mentira.
Al amanecer, el tiempo que tendría para poner en marcha lo pensado era mínimo, pero daba igual, sabía que de todas formas sería especial, aunque la noche previa hubiera hecho mella en su aspecto.
En esas circunstancias era lo de menos, se apañaría de algún modo, lo mejoraría, intentaría que esa minucia pasara desapercibida, no era lo esencial para lo que tenía entre las manos.
De este modo, incluso con su mala cara, se presentaría, estaría ahí, aunque no dejara de bostezar, tenía el presentimiento de que el encuentro lo marcaría, por eso no faltaría, estaría ahí el primero y esperaría lo que fuera necesario, estaba claro de que no sería el mismo el día después.

