Se encontraba en aquel lugar, de pie, delante de un escritorio, los encargados se hallaban sentados del otro lado, sosteniendo el informe que había presentado días antes. En ese escenario se imaginaba que le reconocerían su labor, le darían una palmadita en el hombro y le expresarían que lo estaba haciendo bien, sin ti, afirmarían, la empresa no tendría los números que tiene, estaría a la deriva, tú eres el vigía que se preocupa por que todo funcione perfectamente, tus informes lo demuestran, aunque eso sería un exceso, por eso se adelantaría y le expresaría que solo cumplía con su trabajo, nada más, para demostrar humildad ante sus palabras.
Cuando le informaron que los jefes deseaban hablar con él, no le llamó la atención, les gustaba demostrar cercanía con quienes trabajaban en el área administrativa, además tenían cierta confianza.
Varias veces había coincidido con ellos en la cafetería y en algún bar, en donde, de forma distendida, tenían charlas de todo tipo, demostraban su don de gentes. A pesar de tener cargos de mando, resultaban afables, incluso le caían mejor que alguno de sus compañeros que, sin tener voz ni voto en la empresa, se consideraban los llamados a marcar las pautas de cómo se debía trabajar, sus ínfulas eran insoportables.
Al ingresar tenía la confianza plena de que la charla sería tan distendida como siempre, estaban entre amigos. En un principio se enfocaron en hablarle de los objetivos que debían cumplir, ya sabes, tenemos el tiempo justo, luego comenzaron a expresar el motivo por el que lo habían llamado, por ese motivo, al tener el tiempo justo, no podemos estar perdiéndolo en explicarle sus funciones a cada trabajador, nosotros no te vamos a decir como tienes que trabajar, pero hemos notado que tu rendimiento está haciendo aguas, para muestra este informe que nos enviaste con los avances que se están realizando en los proyectos y hemos notado errores clamorosos, al contrastar con las informaciones con la que contamos, para hacerlo mal, mejor lo hacemos nosotros, si el tema sigue así, interrumpió su ensimismamiento, no es la primera vez que notamos errores en tus informes, por consiguiente, nos veremos en la obligación de elevar un escrito al área encargada especificando el descuido en tus funciones, no sabemos a qué se debe, pero aquí venimos a trabajar, nuestros problemas los podemos dejar en la puerta de entrada, aquí, valga la redundancia, tenemos que cumplir objetivos.
No estaba de acuerdo con este último punto, ya que era una especie de comodín en su área, al que todos solicitaban ayuda para sacar adelante distintas tareas, solo bastaba con que se lo dijeran y él estaba ahí, sin poner peros de por medio, ya que sentía que era una forma de mostrar lealtad a la empresa por tenerlo en su plantilla.
La frialdad de sus palabras lo sacó de centro, si usualmente el trato era mejor que ese, se dijo, en dónde quedaban los chascarrillos y las frases ingeniosas que solían celebrar.
A esto le podían sumar las horas extra que echaba para cumplir con los plazos para presentar a tiempo los distintos proyectos, pero prefirió callar, aunque no estaba de más que dijera todas las responsabilidades con las que se había cargado, esas actividades extras eran las causantes de que tuviera ese bajo rendimiento en su labor asignada, si vieran el bosque y no solo se centraran en el árbol, otra sería la historia.
Si supieran que, por esa dedicación, sufría de constantes dolores de cabeza, no dormía bien, estaba de los nervios y le costaba horrores concentrarse, a cada paso que tenía se sentía presionado, si la situación llegaba a un punto insoportable tendría que elegir entre su paz mental y la cuestión laboral.
Nos sorprende, pues siempre has demostrado suficiencia, por eso esperamos que no se repita, de lo contrario, nos veremos en la obligación de elevar un informe, recalcaron. Le sonó amenazante, pero lo dejó pasar.
Cuando le informaron que los jefes deseaban hablar con él, no le llamó la atención, les gustaba demostrar cercanía con quienes trabajaban en el área administrativa, además tenían cierta confianza.
Varias veces había coincidido con ellos en la cafetería y en algún bar, en donde, de forma distendida, tenían charlas de todo tipo, demostraban su don de gentes. A pesar de tener cargos de mando, resultaban afables, incluso le caían mejor que alguno de sus compañeros que, sin tener voz ni voto en la empresa, se consideraban los llamados a marcar las pautas de cómo se debía trabajar, sus ínfulas eran insoportables.
Al ingresar tenía la confianza plena de que la charla sería tan distendida como siempre, estaban entre amigos. En un principio se enfocaron en hablarle de los objetivos que debían cumplir, ya sabes, tenemos el tiempo justo, luego comenzaron a expresar el motivo por el que lo habían llamado, por ese motivo, al tener el tiempo justo, no podemos estar perdiéndolo en explicarle sus funciones a cada trabajador, nosotros no te vamos a decir como tienes que trabajar, pero hemos notado que tu rendimiento está haciendo aguas, para muestra este informe que nos enviaste con los avances que se están realizando en los proyectos y hemos notado errores clamorosos, al contrastar con las informaciones con la que contamos, para hacerlo mal, mejor lo hacemos nosotros, si el tema sigue así, interrumpió su ensimismamiento, no es la primera vez que notamos errores en tus informes, por consiguiente, nos veremos en la obligación de elevar un escrito al área encargada especificando el descuido en tus funciones, no sabemos a qué se debe, pero aquí venimos a trabajar, nuestros problemas los podemos dejar en la puerta de entrada, aquí, valga la redundancia, tenemos que cumplir objetivos.
No estaba de acuerdo con este último punto, ya que era una especie de comodín en su área, al que todos solicitaban ayuda para sacar adelante distintas tareas, solo bastaba con que se lo dijeran y él estaba ahí, sin poner peros de por medio, ya que sentía que era una forma de mostrar lealtad a la empresa por tenerlo en su plantilla.
La frialdad de sus palabras lo sacó de centro, si usualmente el trato era mejor que ese, se dijo, en dónde quedaban los chascarrillos y las frases ingeniosas que solían celebrar.
A esto le podían sumar las horas extra que echaba para cumplir con los plazos para presentar a tiempo los distintos proyectos, pero prefirió callar, aunque no estaba de más que dijera todas las responsabilidades con las que se había cargado, esas actividades extras eran las causantes de que tuviera ese bajo rendimiento en su labor asignada, si vieran el bosque y no solo se centraran en el árbol, otra sería la historia.
Si supieran que, por esa dedicación, sufría de constantes dolores de cabeza, no dormía bien, estaba de los nervios y le costaba horrores concentrarse, a cada paso que tenía se sentía presionado, si la situación llegaba a un punto insoportable tendría que elegir entre su paz mental y la cuestión laboral.
Nos sorprende, pues siempre has demostrado suficiencia, por eso esperamos que no se repita, de lo contrario, nos veremos en la obligación de elevar un informe, recalcaron. Le sonó amenazante, pero lo dejó pasar.

