IDEALIZACIÓN VANA

El clima, la gente, la arquitectura, en general era diferente, le resultaba novedoso y era especial deambular por sus calles, se sentía en un espacio mejor.
Su terruño no se le podía comparar, ya que en cada rincón descubría razones para creer que no tenía parangón.
Pensando en esto, cada vez que podía exponía las bondades de vivir en aquella urbe, el orden que saltaba a la vista, diferentes al caos de todos los días en el pueblo, en dónde se debía estar a la defensiva.
Muchas veces fue testigo de situaciones que lindaban con lo delincuencial, hechos que se habían normalizado, pero que, si uno se ponía a pensar, no eran normales, en cualquier otro lugar serían criticados, pues alteraban la tranquilidad de los vecinos, no obstante, la mayoría, a los que no les afectaba, les parecía cómico, en el mundo tiene que haber de todo y este lugar no puede ser la excepción —sentenciaban.
A él, para su buena suerte, solo le tocó ser parte del público, no un actuante de aquel sainete.
A fuerza de ser observador, se creó una imagen hostil del mundo, en la que todos intentaban sacar ventaja de las debilidades de su prójimo.
Por eso, cuando se mudó a la ciudad, sentía que estaba en una realidad diametralmente opuesta, en la que no debía preocuparse por lo que pudiera pasar.
Esa diferencia le reconfortaba, la realidad era otra, por ello evitaba pensar en lo dejado atrás.
Así pasaba el tiempo, contento por no ver escenarios parecidos a los del lugar del que venía, hasta que un día, mientras caminaba por una calle de las más populares de la ciudad, fue testigo de una acción similar al del espacio del que se había alejado.
Por la tarde, al volver a su piso, le pareció increíble lo que acababa de presenciar, con esto, lo que le rodeaba adquirió nuevas características, para su pesar comprendió que, en determinas circunstancias, las realidades podían ser similares, aunque era reticente a creer que hubiera individuos dedicados a afear la experiencia urbana.
Le chocó volver a la vieja costumbre de caminar mirando a todas partes, desconfiando de todo aquel que se le acercara. Lamentablemente, su tranquilidad se había esfumado.
A pesar de que intentó convencerse de que era algo aislado, se desdibujó la imagen que tenía de la ciudad.
Ahora ya no podría hablar solo de sus bondades, tendría que comentar el peligro de su lado oscuro, el que todos intentaban ocultar.
En este nuevo contexto, tuvo que traer a su presente las costumbres del pasado. Desde ese momento comenzó a estar pendiente de lo que podía suceder, prefería no deambular demasiado por las calles, solo recorría las vías que conocía, por temor, prefería las avenidas grandes, en las que si le pasaba algo podía escapar raudo, las pequeñas le causaban preocupación.
Al final, su visión del mundo se reafirmó, estuviera en el lugar que estuviera, sería testigo de las mismas situaciones, con diferentes actores, sí, pero en esencia, iguales. Con esto comprendió que la naturaleza humana era semejante, fuera en el terreno que fuera, a pesar de sus particularidades.