EMPECINADO

La actividad podía parecer superflua, pero estaba enfrascado en concluir lo emprendido, se había abstraído a tal punto que perdió de vista su aislamiento.
—¿No te cansas?
Desde hacía un tiempo había dejado de divertirse, ahora estaba sumido en una obcecación. Se autoimpuso un fin que, conforme avanzaba, trocó en condena, perdió de vista que era un simple esparcimiento.
Se le estaba escapando algo y lo descubriría, no obstante, daba por sentado que había seguido las indicaciones al pie de la letra.
Al principio seleccionó las piezas por la forma, así, cuando tuvo todo preparado empezó con el pasatiempo.
Conforme avanzaba, su tarea tomaba color, ante él se desplegaba una imagen llamativa, si seguía así, con ese ritmo, concluiría pronto y saldría a dar una vuelta. Pero llegó a un punto en el que se le negó seguir avanzando.
Había seguido las indicaciones al pie de la letra —se repitió—, por eso no era posible que estuviera entrampado.
Convencido de esto siguió enfrascado en concluir su pasatiempo, solo se detuvo a la enésima oportunidad en la que tropezó con el mismo obstáculo, no era posible que fuera tan intrincado —enfatizó.
Intentó respirar profundamente para sosegarse, una vez tranquilizado observaría lo construido desde distintas posiciones, de esta forma esperaba descubrir en dónde estaba su error, si era necesario desharía todo y empezaría de cero.
Tras su minuciosa pesquisa no encontró nada fuera de lugar, todo estaba debidamente encajado.
Estos retos se le daban bien, eran su fuerte, por eso, cuanto más difíciles eran le resultaban más entretenidos, le reconfortaba terminarlos, la sensación era estupenda y le gustaba sentirla cuantas veces fuera posible.
—¿Cuánto más vas a demorar?
Solo un intento más —se dijo—, este será el definitivo, ya le estoy pillando el tranquillo —añadió—, confiaba en que daría con la clave que desentrañaría el dilema en el que estaba inmerso. Cuando se daba cuenta que se chocaba siempre con el mismo muro, se repetía que al siguiente intento lo lograría, ese sería el decisivo.
Continuó varias veces más, llegando a perder de vista que se trataba de un simple juego, pues ahora mismo se había convertido en una meta vital que seguiría hasta dónde sus ambiciones quisieran.
Al estar cegado por su cabezonería, comenzó a notar que las piezas se movían por sí solas, ¿estaría sufriendo alucinaciones o, simplemente, era el modo en la que se manifestaba su subconsciente para darle la solución que ansiaba?, solo eso explicaría las indicaciones que veía en las formas desplegadas delante de sus ojos, pero al igual que sus intentos, esta ayuda fue vana, no logró dar ningún paso nuevo.
Su sentido común le decía que se detuviera, descansara y diera el paseo planificado, quizás eso le ayudaría a despejarse y a dar con la tecla, pero descartó esta opción, se sentía a puertas de conseguirlo.
—¿No te cansas?
Para ese momento el paso del tiempo había dejado de tener sentido, a pesar de las trabas lo lograría… afuera, en el mundo, comenzaba a oscurecer.