El mensaje era claro: tu cuenta está bloqueada, esto era un inconveniente.
Posteriormente, para convencerse de que todo era correcto y era una víctima de un desacierto, aunque más bien le parecía un atropello, se puso a revisar la normativa de la APP.
Se tuvo que llenar de paciencia para dar con ese apartado.
Las normas no eran claras, tampoco eran precisas, más bien le resultaban vagas, elaboradas así, quizás, para confundir a los usuarios. Sin embargo, esto no fue lo que más llamó su atención, ya que todo se resumía en las últimas líneas que decían expresamente: La empresa (dueña de la aplicación) se reserva el derecho de bloquear cuentas unilateralmente sin dar explicaciones por ello.
Con esto abrían una puerta (enorme) para impedir el acceso por cualquier tontería.
Mientras leía esto, lo que al inicio era un rotundo no, no he infringido ninguna norma, se comenzó a tambalear, ya que conforme recordaba su actividad caía en que, probablemente, tenían sus motivos certeros para impedirle el acceso, podían argüir que su comportamiento no se había ceñido a sus reglas.
¿Habrían revisado sus conversaciones?, si bien no tenía charlas fuera de lo común, algunas hablaban de temas privados, que si salieran a la luz podría verse comprometido, no porque fueran obscenas, sino que se explayaba de tal modo que, si las descontextualizaban, podrían ser malinterpretadas, tomándolas en un sentido distinto con el que las había escrito.
Esto le generó otra pregunta, ¿cómo podían acceder a sus charlas? Él confiaba en el mensajito que le decía claramente que todas sus conversaciones estaban encriptadas, nadie, excepto los implicados en la misma, podrían tener acceso a ellas, esto último daba respaldo al hecho de que toda la comunicación dentro de sus márgenes era secreta.
Probablemente era cierto, las conversaciones eran inaccesibles para el público general, no así para quienes controlaban el tráfico de datos, ellos sí podían hacerlo, pero hacían creer que se estaba en un entorno privado.
En definitiva, había alguien que revisaba cada línea que redactaba, el hecho de que lo espiaran no era algo que le gustara, pero, con seguridad, eso lo indicaban en alguno de los términos que, como todos, pasó sin leer en el momento que creo la cuenta, quizás si se hubiera detenido no hubiera seguido con el proceso, pero no tenía la costumbre de hacerlo.
Con la intención de que le desbloquearan el acceso, buscó la forma de contactar con los encargados de la plataforma. Tras una breve búsqueda, encontró un mail de atención al cliente, dio con ellos, les escribió.
Durante un tiempo prudente esperó pacientemente la respuesta, pero conforme demoraba se impacientó, necesitaba comunicarse con sus compañeros, tenía la incertidumbre de no saber que se cocinaba en los grupos del trabajo.
Por este motivo nuevamente los contactó, mandó más correos, hasta que, al enésimo mensaje, le dijeron de que tenía la opción de llevar su caso a revisión, para ello, en un nuevo correo debía especificar los datos de su cuenta, su nombre de usuario, su teléfono e incluso, algún dato personal, todo, acompañado de una explicación detallada.
Siguió los pasos que le indicaron, ahora solo quedaba esperar.
Tras aguardar un tiempo prudente, y notar que el tema de la solución al bloqueo iría para largo, llamó a varios de sus compañeros para explicarles la situación. Muchos se sorprendieron, no sabían que les podían capar las cuentas, otros, por el contrario, tenían una vaga idea de que esas cosas pasaban, pero nunca habían estado en un escenario así —esta vez no se sintió contento de ser el primero en algo—, luego les comentó que, apenas le dejaran, se conectaría. Entretanto, iría sacando adelante temas pendientes, conminándoles a que le avisaran si surgía algún tema importante.
Estaba centrado en sus actividades cuando notó que le había entrado un correo en donde le explicaban que su revisión había sido aceptada y añadían que estudiarían su caso para ver si había infringido sus normas.
Si se daba el caso de que el resultado fuera positivo, no podría acceder a su cuenta, el bloqueo sería definitivo, pero si era negativo, en un máximo de veinticuatro horas recuperaría el acceso, solo debía esperar.
Esta respuesta le tranquilizó, pero también lo llevó a consultar qué norma había infringido, para no volver a hacerlo. La réplica fue escueta, no se lo podían decir. Esto le generó más dudas, ¿en qué cabeza cabía que no le dieran la explicación pertinente? Al no desear complicarse (más de lo que estaba), lo pasó por alto, quería tener su cuenta activa cuanto antes, eso era lo importante, más adelante indagaría en los motivos de su exclusión.

