COMPLETOS DESCONOCIDOS

«Tenemos planeado realizar una reunión para recordar los viejos tiempos. Se ruega confirmar asistencia».
Fue lo que retuve del mensaje de una dirección desconocida que encontré en la bandeja del correo.
Lo de los viejos tiempos no lo entendí en un inicio, solo hasta que realicé una breve indagación memorística pude encajar la frasecita, el mail era de un excompañero de la escuela.
En tal contexto me surgió la duda de cómo había logrado dar conmigo, pues hacía muchos años que nos habíamos perdido la pista, pero pronto me quedó claro que fácilmente pudo hacerlo por medio de mis redes sociales, ya que con eso de facilitar tantos datos personales solo bastaba con dedicar tiempo (y tener paciencia) para obtener lo que buscaba.
Tras pensar en la molestia que se tomó al indagar en mis redes, caí en que su interés por verme era real, de esta forma, y después de una disquisición personal sobre concurrir o no, confirmé mi asistencia.
El día anterior a la reunión intenté imaginarme cómo sería, traté de hurgar en mis recuerdos de aquellos tiempos, pero no encontré nada que apreciara en la medida de querer sacarlo a colación durante el reencuentro.
La dirección fue fácil de encontrar, el que organizó la reunión había reservado una mesa para la ocasión en un local céntrico, solo era necesario indicárselo al encargado para que te llevara a la ubicación.
Fue raro encontrarme con todos, se notaba que habían pasado muchos años desde la última vez que nos vimos, hasta el punto de que sí me los encontraba por la calle no los hubiera reconocido, esperaba no verme como ellos, de viejo.
El inicio de la reunión fue algo frío, pero conforme fueron pasando los minutos, por no decir las copas, se volvió más cálido.
Mientras hablaban parecía como si aquella época hubiera sido la mejor de su vida, yo, sin embargo, no la recordaba así, no había sido mala, era cierto, pero tampoco fue la mejor que hubiera transitado (o no tanto como para idealizarla), en mi caso, si me ponía a repasar las cosas que había vivido, podía encontrar alguna más destacable, pero no sacarla a colación, preferí quedarme callado.
Por otro lado, era posible que les pasara lo mismo que a mí e hicieran el paripé de estar a gusto, solo por mantener las normas sociales. No los culpaba, nos encontrábamos ahí casi obligados, o por compromiso, por no hacerle un desplante al organizador.
La tarde, noche, continuó de esa forma, todos sacaban a relucir sus historias de aquella época, algunas parecían que eran recuerdos invaluables, pues al narrarlas se notaba el aprecio que le tenían, ocasionando que varios añadieran ciertas líneas a lo que comentaban, enriqueciendo, en cierto modo, lo que estaban compartiendo.
Al avanzar la charla se comenzaron a centrar en lo mal que lo pasábamos algunos, incluso destacaron los apodos que teníamos en aquellos años, siendo el más jocoso el que me habían puesto, en ese instante, habló el que lo había ideado y explicó en que se había basado para él, aunque a mí no me causaba nada de gracia, los demás si se entretuvieron, era una situación que en cierto modo los hermanaba, pues los hacía cómplices de ese hecho que habían compartido en común, el burlarse de mí.
Antes de despedirnos, uno del grupo expresó que sería bueno repetir la experiencia, la mayoría estuvo de acuerdo, todo en aras de mantener el contacto, no podíamos perdernos la pista por tanto tiempo y más un grupo que estaba tan unido como el nuestro, todos estuvieron de acuerdo.
La reunión terminó cerca de la medianoche, mientras nos retirábamos pensaba en lo que había sucedido, yo no guardaba ningún aprecio por aquellos años, es más, la próxima vez que quedaran me inventaría alguna excusa para no asistir.
En esta tesitura, me quedó claro que ese grupo me resultaba desconocido, solo habíamos coincidido en un momento de nuestras vidas, nada más.