CAMBIANTE

—Ya sabes como soy —expresó mientras observaba el panorama a través de la ventana, luego hizo una pausa y continuó— me gusta complicarme la vida.
En vista de que quedar en mi piso no era factible, pues me resultaría un suplicio adecentarlo, le dije que escogiera el sitio que le apeteciera, no dudó, su elección fue la de siempre, un lugar al que solíamos ir cada vez que quedábamos.
—Aquellos años fueron buenos, ¿no crees?, las cosas iban bien o no había diferencias insalvables, lo recuerdo como una época en la que todo era más sencillo. Cada vez que pienso en ella me vienen imágenes agradables, conversaciones sustanciales y gestos especiales, me gusta traerlos al presente.
Su llamada me pilló por sorpresa, no la esperaba, si hubiera tenido tiempo para pensar, le habría dicho una milonga, pero así, como estaba, distraído, solo atiné a aceptar.
—No estoy pasando por un buen momento, ¿sabes lo que te quiero decir?
Reconocí su voz fácilmente.
—Me lie con alguien, creo que, por evitar la soledad, salimos, hablamos, pero siento que me falta algo.
¿Qué tendría en mente?
—No puedo ser yo, tengo que fingir y dar por buenas ciertas ideas con las que discrepo, no puedo sacar a relucir mi espontaneidad.
Nos habíamos distanciado, los motivos… para olvidar, no quise enfatizar, ni sacarlos a relucir, estaban bien en donde estaban.
—No sabes lo difícil que me resulta medir cada palabra, por no ocasionar desacuerdos.
Tenía un carácter difícil, incontrolable, con el cual empatizabas si sentías cierto afecto, pero me costaba entender sus cambios de humor, era un reto estar a su lado.
—Suelen decir que es necesario irse de cara con la realidad para aprender, no debería ser así, deberíamos venir aprendidos desde la cuna.
Con el paso del tiempo entendí que su forma de ser era cambiante, era una quimera estar a su lado, no sabía con quién me despertaría en la mañana y con que humor se levantaría, era una prueba constante.
—No sé cómo decirle que no podemos seguir así, que no me aporta nada.
Cuando entendí que ser así era su norma, todo se aclaró.
—Probablemente exagero, pero no me reconforta, vivir de esta manera, no es vivir.
Sin embargo, a pesar de todo, no terminamos mal, simplemente no funcionó y eso nos quedó claro.
—Dar sin sentir satisfacción cada vez tiene menos sentido.
Le di a entender que estábamos en momentos diferentes, que la sintonía del inicio se había perdido,
—Por eso quiero ir directamente al meollo del asunto, no callar.
Aquella vez nos despedimos sin cerrar del todo la puerta, como si, en un futuro, pudiera continuar.
—Recuerdo que nuestras charlas fluían, se podía hablar de todo.
Habría sido tonto hacerlo, uno no sabe lo que nos deparará el destino.
—Muchas veces rememoro nuestros buenos momentos, tenías un humor particular.
Esas interrogantes me tenían aquí, oyendo lo que decía.
—Nunca pensé que todo pasaría tan rápido, éramos inexpertos.
Nadie podía decir que las cosas no funcionarían en este presente.
—Si hubiera sabido, en ese momento, lo que ahora sé, me habría gustado seguir.
No éramos los mismos, teníamos nuestras propias vivencias por separado.
—Probablemente tendremos una segunda parte.
Pero estaba en una etapa de mi vida en la que prefería mi tranquilidad por sobre todas las cosas, no podía estar inmerso en un vaivén de emociones, aunque implicara estar solo.
—Deberíamos quedar más a menudo, no distanciarnos tanto, ni que fuéramos desconocidos, ¿no crees que nos lo pasaríamos bien? —dijo sonriendo.
—Salir siempre resulta gratificante —asentí.
Tras estas palabras cada uno tomó un camino diferente.