Los medios de comunicación, días antes de que empezara el torneo, se dedicaron a recalcar, mediante una cuenta regresiva, el tiempo que faltaba para su inauguración.
Su expectativa iba en aumento conforme quedaban menos días, tenía claro seguir, sí o sí, el evento por excelencia del deporte que le gustaba, incluso si para ello era necesario trasnochar, ya que, al analizar su calendario, algunos encuentros serían en la madrugada, debido a la diferencia horaria. Con esta información planificó no perderse ninguno, aunque significara pasarse la noche en vela y estar bostezando durante la jornada laboral (entera). Era consciente del precio a pagar por saltarse las horas de descanso, todo por ser un seguidor acérrimo de este pasatiempo, además solo se daba cada cuatro años.
Pese a su entusiasmo, desde los primeros partidos se dio cuenta de los cambios que se habían producido en el desarrollo de estos, ahora todo estaba más monitorizado, debido a que, en aras de hacerlos más justos, se comenzó a usar la tecnología. Aunque les quitaba frescura al detenerse constantemente para revisar los lances dudosos, estaba claro que, como otros deportes, este no podía estar al margen de los avances de la modernidad.
Hasta aquí se podían justificar estas detenciones del juego, sin embargo, conforme avanzaba la competición, descubrió un patrón que se daba siempre a la mitad de cada periodo, esto le causaba sensaciones encontradas, pues no entendía nada, pero tras informarse comprendió que fueron ideadas (supuestamente) para que los integrantes de cada seleccionado se hidrataran. En el papel esta decisión le parecía acertada, debido a que, en determinadas temporadas, como en la estival, el físico de los deportistas se resentía y no rendían a su nivel. Con todo, notó que durante estas interrupciones se cortaba la transmisión para ir a tandas comerciales, de esta forma lo que, al inicio, parecía algo puntual, con el transcurrir de los lances se convirtió en la norma. No requería gran perspicacia notar que la organización improvisó estas pausas con el único propósito de lucrarse.
Tras meditar sobre esta situación, le quedó claro que el motivo por el cual muchas plataformas pujaban por hacerse con los derechos de transmisión (en exclusividad), se debía a los ingresos que podían obtener, sí no fuera así no tendría la cobertura que tenía, no sería un evento de masas y solo se ceñiría a un reducido grupo de seguidores.
No era un iluso, sabía perfectamente que sí un empresario hacía una inversión, esperaba obtener ganancias, en definitiva, era utópico pensar que el espíritu del juego se mantuviera intacto.
Procuró mantenerse optimista, pasar por alto estos cambios arbitrarios y dejar atrás la impresión de que los dos tiempos habituales se convertían en cuatro, esto evidenciaba la (nula) influencia real que ejercía el aficionado común.
Aun así, seguiría las diferentes transmisiones, le interesaba saber si su selección se alzaría con la corona al mejor equipo del mundo, porque podrían alterar el discurrir de los encuentros, inventándose parones fútiles, pero su ilusión por seguir el deporte que tanto quería permanecería intacta.
Su expectativa iba en aumento conforme quedaban menos días, tenía claro seguir, sí o sí, el evento por excelencia del deporte que le gustaba, incluso si para ello era necesario trasnochar, ya que, al analizar su calendario, algunos encuentros serían en la madrugada, debido a la diferencia horaria. Con esta información planificó no perderse ninguno, aunque significara pasarse la noche en vela y estar bostezando durante la jornada laboral (entera). Era consciente del precio a pagar por saltarse las horas de descanso, todo por ser un seguidor acérrimo de este pasatiempo, además solo se daba cada cuatro años.
Pese a su entusiasmo, desde los primeros partidos se dio cuenta de los cambios que se habían producido en el desarrollo de estos, ahora todo estaba más monitorizado, debido a que, en aras de hacerlos más justos, se comenzó a usar la tecnología. Aunque les quitaba frescura al detenerse constantemente para revisar los lances dudosos, estaba claro que, como otros deportes, este no podía estar al margen de los avances de la modernidad.
Hasta aquí se podían justificar estas detenciones del juego, sin embargo, conforme avanzaba la competición, descubrió un patrón que se daba siempre a la mitad de cada periodo, esto le causaba sensaciones encontradas, pues no entendía nada, pero tras informarse comprendió que fueron ideadas (supuestamente) para que los integrantes de cada seleccionado se hidrataran. En el papel esta decisión le parecía acertada, debido a que, en determinadas temporadas, como en la estival, el físico de los deportistas se resentía y no rendían a su nivel. Con todo, notó que durante estas interrupciones se cortaba la transmisión para ir a tandas comerciales, de esta forma lo que, al inicio, parecía algo puntual, con el transcurrir de los lances se convirtió en la norma. No requería gran perspicacia notar que la organización improvisó estas pausas con el único propósito de lucrarse.
Tras meditar sobre esta situación, le quedó claro que el motivo por el cual muchas plataformas pujaban por hacerse con los derechos de transmisión (en exclusividad), se debía a los ingresos que podían obtener, sí no fuera así no tendría la cobertura que tenía, no sería un evento de masas y solo se ceñiría a un reducido grupo de seguidores.
No era un iluso, sabía perfectamente que sí un empresario hacía una inversión, esperaba obtener ganancias, en definitiva, era utópico pensar que el espíritu del juego se mantuviera intacto.
Procuró mantenerse optimista, pasar por alto estos cambios arbitrarios y dejar atrás la impresión de que los dos tiempos habituales se convertían en cuatro, esto evidenciaba la (nula) influencia real que ejercía el aficionado común.
Aun así, seguiría las diferentes transmisiones, le interesaba saber si su selección se alzaría con la corona al mejor equipo del mundo, porque podrían alterar el discurrir de los encuentros, inventándose parones fútiles, pero su ilusión por seguir el deporte que tanto quería permanecería intacta.

