Cómo otras tantas veces se propuso seguir a rajatabla un programa nutricional, cansado de las bromitas que hacían sus colegas, esta vez sí —se dijo—, no sería como las otras intentonas en las que no se encontraba del todo centrado.
¿Cuántas veces lo había intentado?, le venían a la mente más de tres, aunque si lo pensaba fríamente, probablemente, serían más de cinco.
Siempre se decía lo mismo, el lunes empiezo, pero ese lunes nunca llegaba, a pesar de que se dirigía al super y compraba todo lo que necesitaba, siguiendo la lista confeccionada a partir de una guía, para alimentarse sanamente.
El problema fundamental, y al cual achacaba su nula disciplina, era el no tener una hora fija de salida del trabajo, ora salía a las tres, ora a las cuatro, e incluso podía pasar la tarde entera en la oficina, lo que en definitiva lo llevaba a ser desordenado en su alimentación.
Incluso, se le ocurrió hablar con los encargados, explicarles, a grandes rasgos, el sinsentido de estar hasta tarde en su puesto, cuando sus labores las podría completar, fácilmente, desde casa. No obstante, esto quedó en una simple idea, pues pensaba que, al decirlo, tendría una respuesta negativa o, en su defecto, una llamada de atención por pensar en sí mismo y no en la empresa (esa familia que había costado conformar), por lo tanto, su actitud denotaría una postura egoísta, ya que sus compañeros se deslomaban para sacar adelante los proyectos, en silencio, sin formular queja alguna.
Como no quería alterar el ambiente o enemistarse con sus compañeros, decidió no continuar por esa vía, sin embargo, seguía convencido de que era inviable mantener ese rumbo, quería sentirse a gusto consigo mismo y no como hasta ahora en que distaba mucho de satisfacerlo.
En su situación actual bastaba con subir la cuesta empinada de su calle para sentir que desfallecía, se agotaba pronto, sudaba y su pulso se aceleraba, en tales circunstancias, comenzaba a pasarlo mal, debía detenerse y esperar, el tiempo que fuera necesario, a que todo volviera a la normalidad, una vez que esto sucedía, se relajaba, podía seguir su andadura.
Pensando en estos problemas, confiaba en que, siguiendo el programa apuntado, recuperaría las fuerzas que otrora le permitían hacer deporte durante tardes enteras sin sentir cansancio.
De esta forma llegó a un punto en el que, tras volver a pasar el trance del cansancio, comprendió que primero estaba su bienestar. Por eso, pensando en este hecho, se dispuso a pesarse, quería apuntar exactamente los kilos que tenía (de más) para ver si obtenía resultados, solo veinte kilos, una meta posible, a la que dedicaría cuatro meses.
El tiempo para cumplir su meta estaba inspirado en la forma correcta de bajar de peso: siguiendo unas pautas claras y siendo disciplinado, además se ceñiría a unas rutinas que complementarían la buena alimentación.
Esta vez sí —se recalcó—, esta sería la oportunidad del cambio, lo lograría —enfatizó. Pero, antes de todo, tendría que dirigirse al despacho de los encargados para solicitar una hora fija de salida. Les explicaría que no lo hacía por un afán egocentrista, era por su salud, nada más, confiaba en que entenderían su argumentación.
En este escenario, si todo salía según lo planeado, podría estar en buenas condiciones físicas para fin de año.
Siempre se decía lo mismo, el lunes empiezo, pero ese lunes nunca llegaba, a pesar de que se dirigía al super y compraba todo lo que necesitaba, siguiendo la lista confeccionada a partir de una guía, para alimentarse sanamente.
El problema fundamental, y al cual achacaba su nula disciplina, era el no tener una hora fija de salida del trabajo, ora salía a las tres, ora a las cuatro, e incluso podía pasar la tarde entera en la oficina, lo que en definitiva lo llevaba a ser desordenado en su alimentación.
Incluso, se le ocurrió hablar con los encargados, explicarles, a grandes rasgos, el sinsentido de estar hasta tarde en su puesto, cuando sus labores las podría completar, fácilmente, desde casa. No obstante, esto quedó en una simple idea, pues pensaba que, al decirlo, tendría una respuesta negativa o, en su defecto, una llamada de atención por pensar en sí mismo y no en la empresa (esa familia que había costado conformar), por lo tanto, su actitud denotaría una postura egoísta, ya que sus compañeros se deslomaban para sacar adelante los proyectos, en silencio, sin formular queja alguna.
Como no quería alterar el ambiente o enemistarse con sus compañeros, decidió no continuar por esa vía, sin embargo, seguía convencido de que era inviable mantener ese rumbo, quería sentirse a gusto consigo mismo y no como hasta ahora en que distaba mucho de satisfacerlo.
En su situación actual bastaba con subir la cuesta empinada de su calle para sentir que desfallecía, se agotaba pronto, sudaba y su pulso se aceleraba, en tales circunstancias, comenzaba a pasarlo mal, debía detenerse y esperar, el tiempo que fuera necesario, a que todo volviera a la normalidad, una vez que esto sucedía, se relajaba, podía seguir su andadura.
Pensando en estos problemas, confiaba en que, siguiendo el programa apuntado, recuperaría las fuerzas que otrora le permitían hacer deporte durante tardes enteras sin sentir cansancio.
De esta forma llegó a un punto en el que, tras volver a pasar el trance del cansancio, comprendió que primero estaba su bienestar. Por eso, pensando en este hecho, se dispuso a pesarse, quería apuntar exactamente los kilos que tenía (de más) para ver si obtenía resultados, solo veinte kilos, una meta posible, a la que dedicaría cuatro meses.
El tiempo para cumplir su meta estaba inspirado en la forma correcta de bajar de peso: siguiendo unas pautas claras y siendo disciplinado, además se ceñiría a unas rutinas que complementarían la buena alimentación.
Esta vez sí —se recalcó—, esta sería la oportunidad del cambio, lo lograría —enfatizó. Pero, antes de todo, tendría que dirigirse al despacho de los encargados para solicitar una hora fija de salida. Les explicaría que no lo hacía por un afán egocentrista, era por su salud, nada más, confiaba en que entenderían su argumentación.
En este escenario, si todo salía según lo planeado, podría estar en buenas condiciones físicas para fin de año.

