El mundo virtual le parecía un entorno ideal para empaparse de distintos conocimientos, al que se tenía acceso de forma sencilla, sin los problemas del pasado, ahora todo estaba a un clic de distancia.
Le resultaba fascinante que todo el saber acumulado a través de la historia estuviera a disposición de todos los usuarios de la red de redes, algo atrayente para ciertos internautas, pero que otros pasaban por alto.
Esto era un sinsentido, no obstante, recordó que alguien había predicho que esto sucedería, se tendrían a disposición todos los conocimientos del mundo, pero la gran mayoría no estaría interesada en ellos.
Cuando escuchó esto le pareció una reverenda tontería, la gente no podía ser tan estúpida como para desaprovechar una herramienta tan sustancial, pero tales afirmaciones se cumplieron con el paso del tiempo.
Quizás la explicación recaía en que el grueso de gente, de ese universo virtual, solo estaba ahí para acceder a las redes sociales y disfrutar de los contenidos light.
Sabiendo lo que se cocinaba en esos espacios, evitaba acceder a ellos, sin embargo, como le gustaba estar informado, al final, terminaba ingresando, con tan mala suerte, que siempre le saltaban recomendaciones de hilos que le resultaban incómodos. Es cierto que, esas informaciones, se podían obviar, pero no siempre estaba alerta.
No le gustaban esos contenidos no porque no supiera como podía ser de desagradable el mundo, sino por la forma en la que se los abordaba, le resultaba sorprendente la banalidad con la que se tocaban diferentes tópicos que, desde su punto de vista, eran serios.
A él no se le ocurriría hablar de algunos temas sin ceñirse a hechos comprobados, tampoco soltaría lo primero que se le ocurriera, pensaba que estos espacios serían mejores si no existieran esas mal llamadas recomendaciones, pues estaba claro que los encargados de producir esos contenidos pagaban para poder tener un mayor alcance y se valían de la forma en la que se la metían con calzador al usuario de a pie, aprovechándose de la curiosidad que producía ver una imagen o un titular que expresaba, la mayoría de veces, una media verdad.
Este era el problema, mientras pagaras tenías más potestades que otros.
Algo llamativo era ver que los mal llamados informadores, esos que sabían de todo y comprendían de todo, se dedicaran a dar rienda suelta a su imaginación, afirmando que eran gente crítica que no se dejaba engañar por los medios oficiales, por eso mismo, como buenos samaritanos querían evitar que el resto de los ciudadanos siguieran conformando el rebaño, al que el sistema no le decía la verdad, para mantenerlo encadenado y sometido a una esclavitud mental. Por eso ofrecían medios alternativos de información que daban una vuelta de tuerca a las verdades que teníamos por ciertas, verdades que estaban escritas en los libros de historia, en los de ciencias y demás saberes elaborados en base a una verdad oficial, algo que no concordaba con su espíritu libre.
Le rayaba la cabeza leer tantas tonterías y, no solo eso, ver el desparpajo con el que mucho hacían gala de su ignorancia, pero nadie les podía decir que estaban equivocados, pues al momento expresaban que esa era la típica reacción de la gente que prefería seguir viviendo en el oscurantismo.
En esta línea, leer los comentarios de los distintos hilos daba para mucho, de cada uno se podría elaborar un relato sobre la mentalidad en la sociedad moderna, la del espectáculo como ya la llamaron en algún libro de ensayos, pero, a pesar de todo lo que pudieran proporcionar, no le hacía gracia tanta simpleza, pues le parecía ilógico que se diera tanta libertad para que esas medias verdades recorrieran el mundo virtual, más aún, cuando se ensalzaba a quienes se jactaban de ser sus abanderados.
Sin ser muy listos uno se daba cuenta del exceso de sabihondos, todos hablando de todo, evitando corroborar con datos precisos cada palabra que expresaban, incluso, llegaban a influenciar en las ideas de otras personas.
Algo de esto leyó en un artículo muchos años atrás, en él se afirmaba que siempre había existido gente así, pero el alcance de sus opiniones era tan reducido que no trascendía, sin embargo, en la actualidad, escudados en su libertad de expresión, se sentían con el derecho a desinformar y a poner sus ideas al nivel de gente mejor preparada, por eso mismo, se sentían ofendidos cuando eran desacreditados.
Tras su dosis de toxicidad diaria decidió dejar de lado el móvil, le resultaría mejor ponerse a ver una serie, por lo menos, así se evadía de esa realidad que existía en paralelo y en la que la gente solo sacaba a relucir lo peor de sí.
Le resultaba fascinante que todo el saber acumulado a través de la historia estuviera a disposición de todos los usuarios de la red de redes, algo atrayente para ciertos internautas, pero que otros pasaban por alto.
Esto era un sinsentido, no obstante, recordó que alguien había predicho que esto sucedería, se tendrían a disposición todos los conocimientos del mundo, pero la gran mayoría no estaría interesada en ellos.
Cuando escuchó esto le pareció una reverenda tontería, la gente no podía ser tan estúpida como para desaprovechar una herramienta tan sustancial, pero tales afirmaciones se cumplieron con el paso del tiempo.
Quizás la explicación recaía en que el grueso de gente, de ese universo virtual, solo estaba ahí para acceder a las redes sociales y disfrutar de los contenidos light.
Sabiendo lo que se cocinaba en esos espacios, evitaba acceder a ellos, sin embargo, como le gustaba estar informado, al final, terminaba ingresando, con tan mala suerte, que siempre le saltaban recomendaciones de hilos que le resultaban incómodos. Es cierto que, esas informaciones, se podían obviar, pero no siempre estaba alerta.
No le gustaban esos contenidos no porque no supiera como podía ser de desagradable el mundo, sino por la forma en la que se los abordaba, le resultaba sorprendente la banalidad con la que se tocaban diferentes tópicos que, desde su punto de vista, eran serios.
A él no se le ocurriría hablar de algunos temas sin ceñirse a hechos comprobados, tampoco soltaría lo primero que se le ocurriera, pensaba que estos espacios serían mejores si no existieran esas mal llamadas recomendaciones, pues estaba claro que los encargados de producir esos contenidos pagaban para poder tener un mayor alcance y se valían de la forma en la que se la metían con calzador al usuario de a pie, aprovechándose de la curiosidad que producía ver una imagen o un titular que expresaba, la mayoría de veces, una media verdad.
Este era el problema, mientras pagaras tenías más potestades que otros.
Algo llamativo era ver que los mal llamados informadores, esos que sabían de todo y comprendían de todo, se dedicaran a dar rienda suelta a su imaginación, afirmando que eran gente crítica que no se dejaba engañar por los medios oficiales, por eso mismo, como buenos samaritanos querían evitar que el resto de los ciudadanos siguieran conformando el rebaño, al que el sistema no le decía la verdad, para mantenerlo encadenado y sometido a una esclavitud mental. Por eso ofrecían medios alternativos de información que daban una vuelta de tuerca a las verdades que teníamos por ciertas, verdades que estaban escritas en los libros de historia, en los de ciencias y demás saberes elaborados en base a una verdad oficial, algo que no concordaba con su espíritu libre.
Le rayaba la cabeza leer tantas tonterías y, no solo eso, ver el desparpajo con el que mucho hacían gala de su ignorancia, pero nadie les podía decir que estaban equivocados, pues al momento expresaban que esa era la típica reacción de la gente que prefería seguir viviendo en el oscurantismo.
En esta línea, leer los comentarios de los distintos hilos daba para mucho, de cada uno se podría elaborar un relato sobre la mentalidad en la sociedad moderna, la del espectáculo como ya la llamaron en algún libro de ensayos, pero, a pesar de todo lo que pudieran proporcionar, no le hacía gracia tanta simpleza, pues le parecía ilógico que se diera tanta libertad para que esas medias verdades recorrieran el mundo virtual, más aún, cuando se ensalzaba a quienes se jactaban de ser sus abanderados.
Sin ser muy listos uno se daba cuenta del exceso de sabihondos, todos hablando de todo, evitando corroborar con datos precisos cada palabra que expresaban, incluso, llegaban a influenciar en las ideas de otras personas.
Algo de esto leyó en un artículo muchos años atrás, en él se afirmaba que siempre había existido gente así, pero el alcance de sus opiniones era tan reducido que no trascendía, sin embargo, en la actualidad, escudados en su libertad de expresión, se sentían con el derecho a desinformar y a poner sus ideas al nivel de gente mejor preparada, por eso mismo, se sentían ofendidos cuando eran desacreditados.
Tras su dosis de toxicidad diaria decidió dejar de lado el móvil, le resultaría mejor ponerse a ver una serie, por lo menos, así se evadía de esa realidad que existía en paralelo y en la que la gente solo sacaba a relucir lo peor de sí.

