SOLO UN MOMENTO

En ese momento, aun confundido, tuve una epifanía, mi vida como antaño.
¿Cómo seguir cuando sientes que falta una pizca de sabor?, cuando la costumbre lo invade todo y el amor se va difuminando.
De repente, una chispa encendió todo, una palabra mal dicha o un simple gesto —no recuerdo como empezó este disentimiento-, quizás fue la desidia que, en ocasiones, nos invadía, perdíamos de vista lo importante, probablemente nuestra actitud se distorsionó con el tiempo, no era la más oportuna.
Quizás en otras circunstancias la simple expresión no hubiera causado efecto alguno, pero nos faltó tacto, por eso nos lo tomamos de forma personal.
En mitad de la discusión comencé a ver imágenes, situaciones que había vivido al lado de quien tenía delante.
Estaba claro que sin esa persona en mi vida habría dejado de vivir muchas cosas, no conocería a determinados directores de cine, no me habría acercado a algunos géneros de literatura, no habría viajado a lugares que nunca había imaginado, no habría descubierto ciertos aspectos de mi personalidad que desconocía, no habría salido de mi zona de confort, no habría descubierto que existían diferente formas de expresarme no solo con palabras, sino también, con gestos y caricias o, simplemente, no habría conocido la felicidad, aunque efímera.
No habría tenido la estabilidad emocional que me permitió ponerme metas y encontrarle sentido a mis días (la mala racha que pasaba en su presencia desapareció).
Esos cambios no habrían existido, seguiría empecinado en las tonterías de siempre, no vería más allá de mis narices, no conocería nada nuevo, seguiría siendo un necio, sin empatía, un egoísta centrado en sí mismo, encerrado en sus ideas tontas, limitado por sus taras y defectos.
Sin esa persona en mi vida me habría perdido muchas cosas, habría seguido encerrado, por ende, no pensaría como pienso ahora, tendría una visión sesgada de la vida, por eso mismo no podía dejar que todo terminara así, de una forma tan pueril, por un malentendido, por unas locuciones que no tenían la intención de causar un efecto tan funesto.
Por este motivo, pensaba en todo lo bueno que había hecho por mí, todo lo que habría dejado de hacer, pues era un pilar esencial de la vida que estaba discurriendo, era esa fuerza silenciosa que me motivaba y aunque no dijera nada, solo con estar ahí era suficiente, creía en mí.
Explicárselo en este momento sería complicado, pues cuando uno está ofuscado no escucha razones, se cierra a oír cualquier argumento que no vaya con su padecimiento, por este motivo debía evitar que siguiera acrecentándose, tendría que ser cauteloso.
Esto sucedió en unos cuantos segundos, fue como si entrara en una distorsión del tiempo, pero sirvieron para darme cuenta del error que estaba a punto de cometer, no podía dejar que mi orgullo me hiciera decir cosas que no sentía, cosas que alejarían lo mejor que tenía en mi vida, por eso, echándolo a la basura, me detuve, callé y le dije: lo siento, no te enfades…